Domund

Homilía del 29º Domingo del Tiempo Ordinario. Día del Domund.

No recuerdo dónde leí esta historia, pero me impactó muchísimo cuando lo hice. Cuando digo historia no me refiero a un cuento, sino a una historia real. Ahí va:

jhgh-minEl 19 de marzo de 1864 llegó al puerto de Honolulú un joven llamado Damián como misionero. Allí fue ordenado sacerdote cinco días después de su llegada. Trabajó en varias parroquias en la isla de Oahu. Por aquel entonces Hawai tenía mucho tránsito de comerciantes, algunos de los cuales llevaron a la isla enfermedades que los nativos hawaianos nunca habían padecido y no tenían defensas. Muchos de ellos morían a causa de una gripe, por ejemplo. Una de las más agresivas enfermedades que entró en la isla fue la lepra. Como el rey Kamehameha IV tuvo miedo de que se esparciera la plaga decidió apartar del reino a los leprosos y estableció una colonia para ellos en el norte, en la isla de Molokai, obligando a trasladar a esta isla a todos los contagiados por la lepra. Allí se les suministraba alimentos pero no existían medios médicos apropiados para ayudarles.
Para el responsable de la Iglesia de la zona era una enorme preocupación, porque se trataba de cientos de personas que necesitarían un sacerdote que les llevase los sacramentos y les atendiera espiritualmente. Después de pensar y rezar mucho sobre ello, Damián se dirigió al vicario apostólico y le pidió permiso para ir a la isla de Molokai a atender espiritualmente a los leprosos. Cuando llegó se encontró 600 leprosos que peleaban entre sí para sobrevivir. El obispo le presentó con estas palabras: “uno que será un padre para ustedes, y que los ama de tal manera que no tiene vacilaciones en volverse uno de ustedes; vivir y morir con ustedes”. Qué fuerte.

Lo primero que hizo Damián fue construir una parroquia dedicada a santa Filomena y a partir de ahí el ir restableciendo la convivencia, pintar casas, trabajar en granjas y colegios.Padre-Damián-ft-img-min

Una isla llena de leprosos. Gente abandonada por la sociedad, incluso por sus familias, muriendo en la más completa desolación, sin esperanza de curación, sin esperanzas de nada. Marginados, despreciados, olvidados. Un hombre sano llegó a vivir con ellos para mostrarles que sí importaban y que eran dignos de ser considerados como hermanos. Lo hizo consciente de que tarde o temprano pasaría a ser uno de ellos y que así moriría.
Al poco tiempo la isla ya no era una colonia de muerte. Los enfermos morían, por supuesto, pero vencieron la amargura. Construyeron viviendas dignas, un hospital y una casa de oración. Recuperaron su sonrisa, comenzaron a ayudarse y a acompañarse mutuamente en vez de pelearse por sobrevivir. Los que estaban mejor miraban por los que estaban peor. El padre Damián les alegró sus últimos días dándoles lo más preciado: el amor de Dios que había en su corazón. Eso transformó sus vidas.

Un día, según recogen los diarios, en diciembre de 1884, 20 años después, Damián se dirigió a su ritual matutino de introducir los pies en agua caliente. Aquel día no sintió calor en los pies: aquel día supo que se había contagiado con la lepra. Sin embargo quienes vivieron con él atestiguan que siguió trabajando incansablemente hasta que al final no pudo más.

Hoy es el día del Domund, domingo mundial de las misiones. Los misioneros han hecho lo más difícil. Han dado un giro a su vida para entregarla a los más pobres de entre los pobres y jugársela muchas veces en medio de situaciones muy peligrosas. Muchos a lo largo de los siglos han perdido la vida en ello. Hoy la Iglesia quiere recordarnos que los misioneros son nuestros héroes y que nos necesitan. Una sociedad que rinde culto a deportistas, cantantes, actores, gente del espectáculo, cuyo único mérito, en ocasiones, es tener una cara y un cuerpo bonito, no puede dar la espalda a quienes sacrifican su vida por los demás. Gente anónima que ante el mal espiritual y la pobreza del mundo dan la cara por nosotros y llevan el amor de Dios y esperanza a miles y miles de personas. Gente anónima que nos enseñan quién es verdaderamente valiente.

domund_misionerosEl lema de este año es “Sé valiente, la misión te espera”. Es una invitación a tener coraje y valentía para salir de nosotros mismos y llevar el amor de Dios a la gente. La mayor parte de los bautizados vivimos la misión en nuestros ambientes cotidianos. Otros son enviados a ir a otros lugares más o menos lejanos. Lo importante no es cuán lejos vayas, sino que vivas con actitud misionera todo lo que haces aún en los ambientes donde parece más difícil hablar de Dios. No obstante, haríamos mucho bien en procurar que nuestros jóvenes, antes de ser ingenieros, informáticos, médicos, mecánicos, electricistas, investigadores, políticos, abogados… tuvieran la experiencia de ir a las misiones para ver, oír, estar, compartir, sentir lo que es ese otro mundo donde el simple hecho de ir a misa un domingo es un reto por las distancias o las dificultades que supone.

No me enrollo más hoy. Simplemente os dejo el enlace de la página del Domund para que echéis un vistazo, porque hay cosas muy interesantes, explicaciones, testimonios, reflexiones, etc.

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