El spoiler del último capítulo

Homilía de la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (Jn 18, 33b-37)

868e9cc9a9ed9b85a9ef8875c05d06b08e054b76_hqAhora que están de moda las series y la gente se engancha a ellas, una de las cosas más delicadas son los spoiler. Estás hablando con alguien de alguno de los capítulos que has visto y tienes que tener cuidado con lo que dices porque si revelas algo que no han visto puedes perder una amistad para siempre. Es un nuevo pecado de la humanidad y hay personas que deberían confesarse de esto: “me acuso de haber hecho spoiler de una serie a mi amigo”. Puede llegar a ser un pecado gravísimo (modo ironía on).

Podemos decir, haciendo un símil, que al terminar el año litúrgico con la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, la Iglesia quiere hacernos spoiler del último capítulo de nuestra vida y de la humanidad. Ya lo viene haciendo en las últimas celebraciones. Si nos acordamos (aunque a veces es difícil incluso acordarse de lo que ha comido uno en el día), el domingo pasado se hablaba mucho del fin de las cosas, de la historia, de la humanidad, y de la segunda venida de Jesús. Hoy es como la segunda parte, la definitiva, donde se nos desvela, se nos hace spoiler de todo sin tapujos. Si días atrás la cosa se concentraba más en tema del fin, hoy se nos recuerda que, al final de la saga de la humanidad, gana Jesucristo siempre.

El libro del Apocalipsis, que en la Biblia es como el libro de los spoilers, en el fondo está contando esto: da igual lo que pase, es más, habrá mucho sufrimiento en el mundo y en la historia de la humanidad, de hecho ya lo ha habido y habrá más, pero, después de todo eso, la victoria de Jesucristo, la victoria de Dios sobre el demonio, sobre el mal, sobre la muerte, será total y absoluta.

La celebración de Jesucristo Rey del Universo quiere poner esto de relieve y que se nos meta bien en la cabeza para que, de ahí, pase al corazón, nunca se nos olvide y sea el motor de nuestra vida: que ese reinado de Cristo, cuya manifestación se promete total y definitiva en el futuro, se haga ya real en ti, en mi, en todo el mundo. Que ese reinado de Cristo sea para ti, sea para mi, sea para todo el mundo, el fundamento de una vida vivida con esperanza. Para ello, es bueno que aprovechemos hoy a pensar cómo quiere Jesucristo reinar sobre todo y qué nos puede ayudar a que reine en nosotros.

Nos va a dar unas pistas el Evangelio que hemos leído. Su contcathopic_1484960163350209.jpgexto es el siguiente: Jesucristo ha sido hecho prisionero por los judíos por haberse declarado Mesías e Hijo de Dios y ellos lo han condenado a muerte pero no tienen poder para ejecutarlo. Por ello, lo llevan a Pilato, que era el prefecto de la provincia romana de Judea y quien tenía la autoridad para hacerlo. Sin embargo, los judíos saben que Pilato no les va a hacer caso si lo llevan por motivos religiosos y por eso le dicen que Jesucristo se ha proclamado Rey de los judíos, para presentarlo así como enemigo del César y de Roma. A todo esto se une que los discípulos ya le han abandonado, Pedro ya le ha negado tres veces y ahora se encuentra completamente solo ante Pilato el cual lo interroga. Precisamente hemos leído aquella conversación. Pilato le pregunta si es el rey de los judíos y Jesús le responde: mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pilato insiste y Jesús vuelve a contestar: Tú lo dices: soy Rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Sabemos que después de esta conversación Jesús es azotado y finalmente entregado a la crucifixión con todo lo que implica.

Jesús ha dado la clave: Él es rey, aunque no al modo del mundo. Su modo de reinar no es  imponerse sobre nosotros ni presentar una larga lista de razones para convencernos de que le tenemos que amar, sino tratar de conquistar nuestro corazón a base de entrega, a base de cruz, a base de dar la vida. Así, el meollo está en dejarnos conquistar por Cristo y pedir que aquello que sabemos con la cabeza, lo vivamos de corazón, porque no nos basta habitualmente saber las cosas, sino que es preciso que nuestro corazón acompañe lo que nuestra inteligencia ya ha descubierto y aprendido.

cathopic_1521823068964660.jpgPara quien ha sido conquistado por Cristo, le ama y hace de su vida un vivir como Cristo enseña, no hay dolor, miedo o desgracia que pueda apartarle de Él, pues sabe que todo le pertenece y que su vida y el mismo curso de la historia y de los acontecimientos es un ir hacia Él para reinar con él y descansar en Él. Cierto es que el paso de los años muchas veces nos apena y entristece, pero ese paso y el envejecimiento que conlleva no es más, para el cristiano, que un acercarse a Cristo, mientras vamos siendo despojados de todo para que sólo Él reine en nuestra vida.

La Virgen María es nuestra Madre y Maestra, nadie mejor que ella podía llamar a su Hijo “mi rey”. Acudamos a ella para que nos enseñe a dejarnos conquistar por el amor de Dios.

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