Espera un día

3º Domingo del Tiempo Ordinario (lecturas)

cathopic_1525181167639088.jpgDe pequeño solían contarme una supuesta anécdota tontísima sobre Jesús y san Pedro. Resulta que, tras la resurrección, en una de sus apariciones, Jesús pasea con Pedro a la orilla del mar de Galilea y Pedro le pregunta: “Señor, ¿cuánto es para ti un día?”. Jesús le responde: “Pedro, para mí el tiempo no es como para vosotros, un día para mí es como mil años para vosotros”. Entonces Pedro vuelve a preguntar: “Pero, Señor, entonces, ¿cuánto sería para ti un denario?”. Y Jesús responde: “Pedro, tampoco el dinero para mí es como para vosotros. Un denario para mí sería como mil denarios”. Pedro se queda pensativo y, después de un silencio le dice a Jesús: “Señor, por favor, entonces, dame un denario de los tuyos”. “Pedro, espera un día”.

En el evangelio de hoy san Lucas nos presenta a Jesús predicando en la sinagoga de su pueblo, Nazaret. Si para san Juan, Jesús comienza su actividad en las bodas de Caná convirtiendo el agua en vino, para san Lucas Jesús comienza con esa predicación en Nazaret. Por eso es un texto importante. El rito judío consistía en una lectura de la Ley o los Profetas y luego un comentario. Ese día le tocaba a Jesús. Después de leer el texto, el Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; para proclamar el año de gracia del Señor, Jesús comenta: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír, como diciendo “aquí estoy yo haciendo realidad esto”. En esa frase Jesús dice que “se ha cumplido” todo eso de que se evangeliza a los pobres, a los oprimidos se les da la libertad, a los ciegos la vista, etc., y dice que se ha cumplido “hoy”. La cosa es que tantos años después, esa profecía no parece realidad, no parece cumplida, al menos no siempre o no en el mundo en que vivimos. Y hay momentos en el que eso nos resulta especialmente doloroso. Por eso, la pregunta adecuada es: ¿qué quería decir Jesús con ese hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír?

La anécdota del principio no es más que un modo tonto de enseñar que para Jesús los1480939727569426.jpg conceptos no siempre tienen el mismo significado que para nosotros. Nuestra perspectiva es la del tiempo, el dinero, la materia. La suya es la de la eternidad. Por eso, para Jesús el hoy es mucho más amplio. Para Él, el hoy es el tiempo que transcurre desde que el Verbo se hizo carne en el seno de María hasta que vuelva con poder y gloria en su segunda venida. Todo ese largo lapso de tiempo, siglos, es el hoy de Jesús, el hoy donde se va cumpliendo la profecía de Isaías, el hoy donde Jesús sigue cumpliendo sus promesas. De esta manera, todo hombre en cualquier época de la historia puede leer esa frase de Jesús y aplicarse su significado. También es para él.

En ese largo hoy nosotros tenemos mucho que ver, porque como Iglesia somos el cuerpo de Cristo. Él la cabeza y nosotros sus miembros. Eso significa que en el hoy de cada día somos las manos de Jesús para curar, somos los labios de Jesús para predicar, somos los pies de Jesús para ir donde haga falta, somos los hombros donde pueda desahogarse el que lo necesita, somos sus espaldas para asumir los anhelos de nuestros semejantes. Pero somos también el corazón que calla, que hace silencio ante lo que le supera. Y que, haciendo silencio, recoge las inquietudes, sufrimientos y esperanzas de todos y las lleva a la oración para que Dios las acoja. Los cristianos tenemos la misión de asumir las inquietudes y situaciones de todos los seres humanos para llevarlas a la cruz de Jesús. Él nos sube a la cruz para conducirnos a la resurrección. Ése es el sentido de la entrega de su vida.

cathopic_1487615063696296.jpgEl mejor ejemplo de esto, sin duda, es la Virgen María. Visita a su prima Isabel, permanece junto a Jesús en la cruz y medita las cosas en su corazón. Aprendamos de ella a ser miembros del cuerpo de Cristo para ser aquí sus pies, sus manos, su corazón, que acuden, acompañan, socorren y rezan por la familia humana.

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