El momento de mirarse a uno mismo

Homilía del 5º Domingo de Cuaresma (lecturas)

cathopic_1488407044534369Tres amigas van a salir un viernes por la noche en plena Cuaresma y quedan para cenar antes en un bar. Cuando ya les han servido, una de ellas empieza a confesar que en la comida se ha saltado la abstinencia de carne sin darse cuenta y se siente súper mal. Otra, llamémosla “Renata”, al oírlo, la regaña diciendo que para una cosa que hay que hacer y se le olvida. A esto, la tercera, indignada le dice a Renata: – “Renata, ¿y tú qué te estás comiendo?” Mientras regañaba a la otra, la tía se estaba metiendo un bocadillo de bacon de medio metro… así que se echaron las tres a reír.

El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. San Juan nos cuenta hoy en la lectura del Evangelio cómo Jesús salva a una mujer adúltera de la lapidación, precisamente con estas palabras. Como él siempre ha mostrado compasión y cercanía hacia los pecadores, unos escribas y fariseos le encomiendan el juicio de esta mujer cuyo pecado estaba expresamente condenado con la lapidación. Querían ver cómo lo resolvía para poder acusarlo: si seguía la ley de Moisés, entonces Jesús no resultaba tan compasivo como parecía ser; si no lo hacía, entonces estaba en contra de lo que para un judío es sagrado y podrían condenarle. Así las cosas, Jesús no sólo tenía en sus manos la vida de la mujer, sino la suya propia.

Para expresar su veredicto de absolución, Jesús comienza a escribir en el suelo unas palabras quecathopic_1490051486257377 quedan en el misterio y pronuncia la famosa frase: el que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. ¿Qué consiguió con esa frase? Desde luego salvar a la mujer. Pero, más aún, hizo que aquellos escribas y fariseos que querían condenarla a ella y a él entrasen dentro de sí mismos y conocieran la verdad de su vida: que ellos también son pecadores. Es llamativa la reacción de sus acusadores que, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Ninguno se vio con autoridad para comenzar la lapidación y los más viejos fueron los primeros en reconocerlo.

Nos queda una semana para comenzar la Semana Santa y la Palabra de Dios de hoy nos invita a no echar balones fuera y mirarnos dentro. Es una invitación a no tener miedo a descubrir nuestro pecado. La Semana Santa es la semana del amor de Dios, la semana que nos recuerda que Dios nunca nos abandona y ha previsto remedio a nuestro pecado. Cada tramo recorrido con la cruz, cada golpe y latigazo, cada espina de la corona, cada insulto recibido por Jesús fue por nuestros pecados. Para recibir ese amor, Jesús nos llama a mirarnos dentro, a nosotros, que somos tan dados a ver, comentar y juzgar las cosas de los demás. Nos toca hacer un paréntesis y mirarnos con honestidad y humildad a nosotros mismos.

Esta semana hemos tenido las confesiones de los niños que van a hacer su primera comunión este año. Qué bien nos viene también a nosotros confesarnos. La confesión es un triunfo de Cristo sobre el demonio y el pecado. El demonio puede vencernos 50000 veces, la tentación puede hacernos caer en cosas pequeñas y grandes, en una sola confesión todo eso se va al traste. Cuando nos confesamos vivimos en nuestras propias carnes el proceso de la mujer adúltera: cómo el peso de la culpa y la vergüenza recae sobre ella y encuentra en Jesús el amor y la comprensión para verse liberada de ellas y poder cambiar de vida. Cada confesión es así: ¿dónde están tus acusadores? ¿ninguno te ha condenado? (…) tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

cathopic_1518892238821393.jpgA través del ejemplo de esta mujer Dios nos ofrece su misericordia, su perdón, su gracia. No para decirnos “tranquilo, que hagas lo que hagas me va a dar igual”, sino, más bien, “tu arrepentimiento me basta para hacer de ti algo nuevo”. Eso significa la frase tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Hemos de reivindicar y aprovechar el sacramento de la reconciliación como el momento en que Dios nos permite dejar el pasado atrás y mirar hacia adelante. Ese momento puede ser ahora. A la hora de la verdad, no vale escudarse sobre lo que son o hacen los demás, sino que toca mirarse a uno mismo y poner delante de Dios lo que somos para que Él nos sane el alma y nos impulse hacia adelante.

Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacía el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s