Aprendiendo de san José

Homilía del 4º Domingo de Adviento (lecturas)

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Este año la misa del domingo nos coincide con la lotería de Navidad. Siento decir que llevar los décimos a misa no aumenta las posibilidades de que toque. No obstante, si sucediera, no olviden ir a medias con el sacerdote que celebra, que algo habrá tenido que ver.

Siempre es bueno recordar en estas ocasiones que nuestra lotería real y verdadera es la del espíritu. En la lotería del espíritu tenemos muchas más probabilidades de que nos toque algo porque su premio gordo, el Niño Jesús, no vino para caerle a uno o dos afortunados, sino para liberarnos a todos del pecado y hacernos participar de la vida de Dios. El Adviento es, precisamente, la preparación para que nos toque este premio.

Hoy leemos en misa cómo san Mateo nos cuenta la manera en que san José vivió todo lo relativo al embarazo de la Virgen María. Él, al principio, no vivió el embarazo con alegría o con ilusión. Estaba comprometido con María, se dio cuenta que ella había concebido un hijo antes de vivir juntos y él no había tenido nada que ver.

Benedicto XVI en su libro sobre la infancia de Jesús, dice que san José ha de suponer que ella roto el compromiso y que según la ley ha de abandonarla. No puede vivir esa situación con alegría, sino con sufrimiento y preocupación. Como es una persona buena y santa encuentra un modo de vivir la ley y no hacer daño a María: repudiarla en secreto. Cuánto debía amar a María. No la expone a la lapidación y a la burla, sino que la protege.

Es en esta tesitura en la que recibe las palabras del ángel: José, hijo de David, no tengas

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reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. ¿Qué es lo que el ángel ha hecho? Pues, además de explicarle lo que está pasando y la causa del embarazo, que no es otra que una intervención especial de Dios, el ángel le indica a san José cuál es su sitio y cuál es su papel: tomar a María como esposa y ser el padre del niño.

Qué importante es, y especialmente en los momentos delicados, saber cuál es el sitio que a uno le corresponde, lo que Dios quiere de uno. San José lo vive dentro de una situación matrimonial delicada.Cada uno podemos preguntarnos cuál es nuestro sitio en nuestra propia situación. O a lo mejor uno mismo es quien está alrededor de alguien en una situación complicada y no sabe cómo moverse, cómo ayudar, cómo aconsejar o cómo, al menos, no estorbar, que también es importante. Quizá alguien no ha encontrado en su vida todavía su sitio, su vocación, su misión, aquello para lo cual Dios le hizo. Las variantes pueden ser miles.

San José nos puede servir para rezar a Dios en dos direcciones:

– 1º, para tomar buenas decisiones. ¿Cuánto tiempo le llevó tomar la decisión de repudiar en secreto a María? ¿Cuántas vueltas le daría? Menudo sufrimiento. Pero toma una decisión sabia ya antes de recibir la luz especial del ángel. No deja que el disgusto se apodere de él y decide con cabeza y amor a María. San José, ayúdanos a tomar buenas decisiones en la vida, pensando no en nuestro orgullo, sino en el bien de todos.

– 2º, para pedir siempre el hacer la voluntad de Dios y no la nuestra. Una vez que conoce lo que Dios quiere, san José no duda. Desde luego que a nosotros difícilmente se nos vaya a aparecer el ángel Gabriel a mostrarnos la voluntad de Dios en nuestra vida y el sentido de la misma. Pero Dios nos habla también en la oración, en nuestra conciencia y a través de personas como puede ser un confesor o un director espiritual o un amigo. Lo importante es que queramos hacer la voluntad de Dios sin miedo a que nos cambie los planes. Dios sabe más que nosotros, Dios nos ama más y mejor que nosotros mismos.

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Quedan dos días para Navidad. El Señor viene como niño y necesita una cuna en nuestro corazón. Si todavía no lo hemos hecho, no olvidemos confesarnos antes de Nochebuena, recemos para que conozcamos y hagamos la voluntad de Dios en nuestra vida, y pidamos también para que pasemos una Navidad en paz con todos a pesar de las diferencias que tengamos con las personas con que nos vamos a ver y a pesar también de las ausencias que podamos sentir estos días.

En estas últimas horas para la fiesta, la Virgen María y san José nos enseñen a recibir a su Hijo.

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