Jueves Santo

Hoy comenzamos la celebración del Triduo Pascual, el momento más importante del año para el cristiano. Con la celebración de la Cena del Señor iniciamos un recorrido por la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo que, aunque se realiza en tres momentos distintos, en realidad constituyen una sola celebración. Con ello intentamos vivir en el corazón aquellos momentos tan dramáticos y decisivos para el devenir de la historia y de nuestra vida. Todo cambió en aquellos tres días. Todo cambia en el Triduo Pascual.

Cuando san Juan escribe su evangelio, años después de la resurrección de Jesús, y recuerda la última noche con Jesús; cuando repasa en su cabeza y su corazón los acontecimientos que sucedieron entonces, lo que Cristo hizo, lo que dijo, su rostro, lo que percibió en él; cuando recuerda todo eso y trata de describirlo con palabras que quedasen ahí escritas para la posteridad, dice: sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Seguramente, en aquel momento, Juan no sabía todavía de qué iba la película. Veía a Jesús, la expresión de sus ojos, el cariño con que les lavó los pies a cada uno (también a Judas), el interés con que pronunciaba cada una de sus palabras, la angustia con que le pidió a él y a Pedro y Santiago que le acompañasen a rezar, la decisión con que, tras la oración de Getsemaní, acudió al encuentro de los captores, la humildad con que se dejó hacer tantas barbaridades, la agonía de la cruz… pero no terminaba de entender. Hasta que tras ver a Jesús resucitado y recibir el Espíritu Santo todo fue encajando y lo pudo resumir en esta frase: sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Todo lo que nuestro Señor hizo durante toda su vida ha sido por esto, porque nos amó hasta el extremo. El Jueves santo es la tarde del lavatorio de los pies, es la tarde del sacerdocio y la Eucaristía, es la tarde del lo que yo he hecho con vosotros, hacedlo también vosotros. Jueves santo es, también, la noche de la soledad, la noche del huerto, la noche de la traición, la noche del abandono. Jueves santo es un misterio tras otro en los que podemos ver muchas cosas, pero donde no se nos puede pasar por alto el amor que Dios nos tiene, el amor hasta el extremo que Dios nos tiene.

Tampoco Pedro parecía muy enterado del asunto. No me lavarás los pies jamás. No se daba cuenta de que el amor tiene que manifestarse en gestos y que rechazando el gesto rechazaba el amor. Y por eso Jesús le reprende: si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Un beso, un abrazo, una caricia, son fáciles de dar. No hace falta que haya amor en el corazón, aunque muchas veces éste se exprese así. Judas entregó a Jesús con un beso. Por eso Jesús quiso mostrar su amor con una acción desagradable y servil, lavar los pies uno a uno, tocar con sus manos unos pies sucios de todo el día. Sólo había dos interpretaciones posibles: o te obligaban a hacerlo como a los esclavos o es que amabas profundamente a esas personas. Para Juan estaba claro: habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Siempre llama la atención por qué Juan no relata las palabras de la consagración, de la institución de la Eucaristía, tomad y comed, esto es mi cuerpo, ni tampoco las de la institución del sacerdocio, haced esto en memoria mía. Para muchos la explicación está en que el lavatorio de los pies significa lo que es la eucaristía: por amor Jesús se arrodilla ante nosotros para lavarnos el alma. Y así permanece siempre en cada sagrario, en cada misa, en cada comunión llevada a un enfermo, en cada exposición del Santísimo.

Lo mismo pasa con el sacerdocio. El mandamiento que Jesús da a los Apóstoles después del lavatorio de los pies expresa, de otro modo, lo que es el sacerdocio: Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Hay muchos pies que lavar, hay muchas personas a quien servir.

Que estos días sean para nosotros momentos muy especiales para acercarnos al Señor, comprender su misterio y seguirle de cerca en el amor y el servicio. Tengamos muy presentes en nuestras oraciones tantas personas que sufren, que necesitan de Dios, que esperan también el amor de otros que les den ayuda, ánimo y esperanza.

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